martes, 4 de enero de 2011

Los Planes Humanos y la Voluntad de Dios

Cuando se acerca un nuevo año es común pensar un poco sobre cómo se nos darán las cosas en este futuro que se acerca. Y muchas veces nos proponemos un cambio de vida en muchas cosas del cotidiano: vamos perder unos kilitos, iremos más al gimnasio o en mí caso empezaré por fin a ir a un gimnasio, compraremos lo que hace tiempo lo deseamos tener, por fin tendremos unas merecidas vacaciones en algún lugar bonito, cambiaremos algunos hábitos y tomaremos las decisiones que hace tiempo que las estamos posponiendo.

Cuando empezamos un nuevo año de cierta manera nos sentimos como si tuviéramos la oportunidad de empezar de nuevo muchas cosas en nuestras vidas, haciéndolas ahora de una forma distinta, haciéndolas de una manera mejor, haciéndolas bien. Eso nos pasa porque nos paramos un poco a pensar más detenidamente sobre lo que hemos hecho, lo que hemos sido, sobre lo que queremos hacer y lo que queremos ser. Posiblemente, de una forma u otra, esto nos esté pasando a todos en estos días del nuevo año que acaba de empezar.

De todas formas, se trata de una excelente oportunidad de reflexión personal, de mirarse uno hacia a sí mismo, de búsqueda de nuevas formas de vivir uno la vida, de arrepentimiento, confesión y cambios. Seguramente se trata de una singular oportunidad para que todos nosotros busquemos a Dios de una forma más personal y profunda, más cercanos a su palabra, la Biblia.

El largo texto de Pv 16 nos ayuda muchísimo en momentos de reflexión personal como el que pasamos en estos días, porque se trata de un texto que nos lleva a pensar sobre la realidad de los planes que hacemos como seres humanos y sobre la realidad de la voluntad de Dios para nuestras vidas. “El hombre propone y Dios dispone” es un principio o una verdad universal que sirve para las personas y las sociedades de todas las épocas históricas. Si lo tradujéramos a nuestro propio momento histórico, social y filosófico, seguramente tendríamos que abordar el tema del consumo que nos hace sentir vivos versus la voluntad de Dios que nos llama a su justicia en Cristo.
“El hombre propone y Dios dispone”. Ante ese principio del reino de Dios, ¿Qué dirección debe seguir nuestro corazón? ¿Qué dirección debemos asumir para nuestra vida? ¿Qué sueños y planes debemos tener? Para pensar un poco más sobre eso nos vamos al texto de Pv 16 donde encontramos algunas luces que nos ayudan.

1. El ser humano hace sus planes: planear, idealizar y soñar son partes constitutivas del ser humano. No imaginamos a una persona humana que no tiene sus sueños y que no planee al menos su día. Dejar de soñar, de imaginar, de ilusionarse, de planear seria como perder el sentido de la propia existencia como ser humano. El texto bíblico lo confirma en los versos 1 y 9: “el hombre propone… el corazón del hombre traza su rumbo”.

Nuestros planes e inversiones siempre nos parecen a nosotros los mejores; o sea, nos convencemos siempre de que nuestros deseos personales son los mejores para nosotros mismos y, en consecuencia, los justificamos como sea en nuestros corazones y mentes. Consideramos que los medios para alcanzarlos son justos, puros y rectos porque creemos que nos llevarán hasta nuestros sueños y deseos. Si es algo que lo deseamos mucho, pronto justificamos los medios para alcanzarlo.

El verso 2 así nos presenta esta realidad: “a cada uno le parece correcto su proceder”, literalmente esa afirmación quiere decir que todos los caminos del hombre son limpios a sus ojos. Algo muy semejante lo encontramos en el inicio del verso 25: “hay caminos que al hombre le parecen rectos”. La verdad es que el sentimiento de que soy el ser humano más importante que hay y de que mis sensaciones (sean las que fueren) deben de ser saciadas es el elemento clave para nosotros y que si deseamos algo, justificamos su fin y los medios que hagan falta.

2. La dirección equivocada viene de nosotros mismos: por más convencidos que estemos cuanto a nuestros propios caminos, estos están siempre asociados de forma directa con nuestro pecado de alejamiento de Dios. El texto nos lo enseña de distintas formas: somos orgullosos y arrogantes: “el Señor aborrece al arrogante” (5), “al orgullo le sigue la destrucción; a la altanería, el fracaso” (18), “más vale humillarse con los oprimidos que compartir el botín con los orgullosos” (19). La perversidad natural del ser humano también es uno de los pilares para los planes humanos, planea el mal y sus palabras devoran como fuego (27); además, los planes perversos provocan contiendas y dividen a los hermanos y amigos (28). La violencia humana, al igual que la perversidad, es engañosa y lleva a otros a cometer y comprometerse con actos violentos (29-30).

Debido a nuestro alejamiento de Dios, a lo que llamamos de pecado, nuestros sueños y planes siempre reflejan el estado de vida que llevamos en relación a Dios. En mucha medida, somos, pensamos, actuamos, decidimos, deseamos y planeamos de acuerdo con la posición que asumimos acerca de Dios y ante Dios.

3. La correcta dirección viene de Dios: por mejores que nos parecen ser nuestros planes, ideas y sueños, siempre vienen comprometidos con el egoísmo y con el pecado. El verso 25 en su totalidad nos lo muestra de forma clara: “hay caminos que al hombre le parecen rectos, pero que acaban por ser caminos de muerte”. Puede que consideremos estas palabras como muy radicales, pero la cuestión es que necesitamos evaluar de forma seria e permanente nuestros planes e ideales a la luz de la voluntad de Dios.
Es realmente posible que nosotros deseemos y planeemos cosas que, por un lado se consideren absolutamente normales dentro del prisma de nuestro entorno social e incluso que sean cosas que se esperen de uno, mientras que por otro lado se traten de valores absolutamente opuestos a los principios y patrones del reino de Dios. No nos basta con desear para nuestra vida lo que todos los demás normalmente lo desean para las suyas, por encima de eso tenemos que afinar los oídos, el corazón y la mente para soñar, desear y planear conforme la voluntad de Dios, por el hombre propone pero Dios dispone (v.1), porque nuestro corazón traza su rumbo pero nuestros pasos lo dirige el Señor (v.9).

Los caminos y los medios que elegimos, que justificamos y que los consideramos rectos no pasan desapercibidos por Dios. Nos convencemos de que Dios está siempre de acuerdo con nuestros caminos o que le da igual que hacemos siempre que sea para satisfacer nuestros deseos y sensaciones. Al final es así como vemos todos los demás se comportando en sus vidas personales, profesionales y familiares. Pero nos equivocamos al pensar de esa forma, pues los caminos del pecado nos conducen a la muerte. El Señor pesa y evalúa nuestros corazones, nuestro espíritu y nuestras motivaciones. Él sabe exactamente lo que está por detrás de nuestras decisiones, prioridades y discursos. Dios nos pesa y nos evalúa porque se interesa en que vivamos, soñemos y planeemos la vida en conformidad con su reino.

4. ¿Cómo soñar y planear bajo la dirección de Dios? Quizás sea esta la pregunta que ya todos nos la estamos haciendo. De hecho, debe ser esta una pregunta que nunca se ausente de nuestra mente. Ciertamente no la podemos responder en un solo momento, en un solo estudio bíblico, sino más bien a lo largo de nuestra peregrinación de vida junto a Dios y a su palabra. Sin embargo, siguiendo los pasos del texto de Proverbios, podemos ya apuntar a una respuesta concreta.

Para planear nuestro futuro bajo la dirección de Dios, en primer lugar, hay que estar plenamente conscientes y convencidos de que fuimos alcanzados por la gracia de Dios manifestada por medio de Jesucristo. En otras palabras, para que nuestro futuro esté en manos de Dios, también lo debe estar nuestro presente, y es en el presente, en el aquí y ahora, que debemos rendir nuestras vidas a Dios. Sin vivir con Dios en el presente, no podemos planear y soñar con un futuro bajo la voluntad de Dios. Tenemos, por tanto, que renovar nuestra vida y nuestra fe en Dios.

Además, planear el futuro bajo la dirección de Dios es algo que lo hacemos cuando estamos convencidos de que no hemos sido llamados por Dios para satisfacer nuestras sensaciones y olvidarnos de las demás personas. Al contrario, el futuro con Dios tiene mucho que ver con la forma como comprendemos nuestra vocación cristiana de servicio al ser humano, puesto que servimos a Dios cuando servimos a los demás.
A la luz de estas cosas nos volvemos al texto de Pv 16 donde destacamos una serie de principios que delimitan, orientan y le dan sentido a nuestros sueños y planes. ¿Cómo planear bajo la dirección de Dios?:

a) Reconociendo que somos soñadores por naturaleza, pero que por encima de nosotros Dios tiene el control de nuestra vida (1,2,9);

b) Reconociendo que nuestros propios caminos son pecaminosos y nos llevan a la muerte (25);

c) Consagrando de forma permanente a Dios todas nuestras actitudes y procedimientos (3);

d) Estando plenamente convencidos de que en todas las cosas que nos pasan Dios tiene un propósito bueno (4);

e) Manteniendo encendido en nuestro corazón un vivo temor de Dios para que evitemos el mal y estando abiertos a su redención amorosa y fiel (6);

f) Buscando los caminos de vida que promueven y mantienen la paz con todos, siendo así agradable al Señor (7);

g) Manteniendo constante postura de rectitud y justicia, aunque no nos quedemos ricos (8,17,31);

h) Rechazando permanentemente los hechos, procedimientos, elecciones y conceptos injustos y opresores, aun que sepamos que así no nos quedaremos ricos (8,10,11,12);

i) Utilizando nuestras palabras, discursos y convencimientos como una forma consciente de opción por la verdad y consecuente rechazo de la mentira y de la verdad manipulada que nos beneficia personalmente (13, 21,23,24);

j) Buscando siempre la sabiduría que proviene de la palabra de Dios, la Biblia (14,16,21,22);

k) Actuando y procediendo con humildad (19);

l) Analizando antes de decidir, prudencia, paciencia y dominio propio (20,21,32);

m) Confiando totalmente e irrestrictamente en Dios, en su bondad, en su soberana voluntad y en su actuación graciosa y justa (20).

Posiblemente la mejor forma de concluir seria usando las propias palabras conclusivas del texto (33): “las suertes se echan sobre la mesa, pero el veredicto proviene del Señor”.

Es importante reconocer que no somos autosuficientes, más bien dependemos de un Dios que nos guía hacia sí mismo, que nos conduce a lo largo de la vida y en medio a la sociedad que vivimos de forma a que glorifiquemos a su nombre, proclamemos su evangelios y vivamos por su gracia. Al empezar un nuevo año, consagremos nuestros sueños y planes al Señor, consagrémosle cada día y, lo más importante, consagrémosle todo nuestro ser.
¡Que Dios nos bendiga a todos!

1 comentario:

  1. excelente texto! me sirvio muchisimo para aclarar algunas cosas

    ResponderEliminar